Esta práctica demuestra una vez más el nivel de modernidad y de adaptación que tiene la Iglesia. Me parece que con decisiones como estas, esta institución se garantiza una impresionante cola de fieles en la misa de los domingos por la mañana. De hecho, creo que ahora mismo hay en la iglesia de la plaza de mi barrio hay cuatro o cinco personas esperando a que abran las puertas. ¡Ah! Disculpen, estaban esperando un taxi. El fervor religioso ha debido invadir mi cuerpo y me ha empujado a actuar en la dirección equivocada.Si la Iglesia quiere modernizarse, lo que debe hacer es abrirse para que todo el mundo pueda participar en ella. Negando la comunión a una niña con síndrome de Down, lo único que consigue es crear una imagen arcaica y rancia. No sirve la excusa de que "es un ángel de Dios". Además, no se entiende que un cura no le de la comunión y otro sí. ¿Qué pasa? Igual esto de la comunión va por regiones o zonas y se tiene que negociar.
Triste pero cierto, en pleno siglo XXI todavía ocurren casos así. Señores párrocos, deberían conocer aquello de "renovarse o morir". Me parece que ustedes van por el segundo camino...
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